domingo, 16 de abril de 2017

Este es un tratado nuevo del lazarillo de Tormes inventado por mí, ¡espero que os guste!

TRATADO OCHO DEL LAZARILLO

Hoy, me levanté muy temprano tras haber estado durmiendo entre cartones que me encontré ayer en la basura. Después de estar vagando por las calles decidí ir al centro de Madrid para encontrar otro cobijo donde pasar noche. Me llamó la atención el humo que salía de una panadería. Fue entonces cuando decidí entrar. Me sobresalté al ver al dueño (panadero) tirado en el suelo. Lo ayudé como pude, ya que la panadería estaba sola. Tras lo ocurrido el panadero me dio mil gracias y me preguntó sobre mi vida. Le respondí:
-Soy huérfano, no tengo hogar, ni nadie que me guíe.
Al parecer le di pena y me terminó ofreciendo cobijo y trabajo en su negocio. -Lo acepté-.
La mañana siguiente, nos levantamos a las ocho para ir a trabajar. Nos repartimos el trabajo, mientras él hacía el pan, yo me encargaba de atender a los clientes. Llegamos a un acuerdo, al final del día nos repartiríamos la mitad de las ganancias, Antes de darle el dinero a mi amo para que lo contase, lo conté yo, para verificar que no me timara.
Al llegar a nuestro pequeño hogar, me dio el dinero y lo conté. Solo me había dado la cuarta parte. Al ver que este era tacaño, tuve que ingeniármelas para vengarme. Se me ocurrió una idea; como él me daba tres horas de descanso para comer, aproveché y cogí un saco de pan recién horneado y me fui a venderlo a la calle de atrás. Vendí los panes a una media blanca cada uno y conseguí casi el total de las ganancias que gana él en un día completo. Regresé a la panadería y terminamos el día igual que el anterior. Al ver que me había vuelto a engañar me puse furioso.
Al día siguiente, tomé la iniciativa del pasado día, pues así conseguía más dinero y me aprovechaba de él.  Mi amo me había dejado un saco de pan en la puerta de la alacena. Lo cogí y me fui pitando. Lo que yo no sabía es que me había tendido una trampa, porque por lo visto había entrado una mujer en la panadería y le informó de que un chaval los vendía más baratos en la calle de atrás. (Seguro que se dio cuenta de que era yo).
Me llevé el saco, este pesaba más, al salir de esta vi como los panes empezaron a explotar. Les había echado pólvora.
Dejé allá los panes y eché a correr, para intentar encontrar otro lugar donde pasar noche. No quería verle más la cara al tacaño y engreído panadero.

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